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lunes, 29 de agosto de 2011

AYUDAMOS A BIEN MORIR



AYUDAMOS A BIEN MORIR


Los enfermos en su gran mayoría prefieren que se les diga preferiblemente por parte del doctor, que su enfermedad es mortal: Así tienen la satisfacción de pedir y conseguir el perdón de sus faltas, por parte de Dios y de sus familiares y conocidos.
De otra forma los familiares se quedarían con el remordimiento de no haber cumplido con ese grave deber, y de no haber compartido el sentimiento del enfermo frente a la muerte.
Igualmente muchos enfermos no piden el consuelo de un sacerdote, sólo para no asustar a sus familiares, los cuales a su vez creen equivocadamente que no deben llamar a un sacerdote, sólo para no asustar al enfermo.
Estando junto al moribundo, y tratando de no dejarlo solo en ningún momento, le vamos ayudando a encontrarse con Cristo con mucha alegría, y por eso leemos lo que Jesucristo rezó en la Cruz: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23,46).
Si no hay ningún sacerdote, que le dé los sacramentos que él juzgue oportunos (confesión, confirmación, unción y especialmente la Comunión), entonces le hacemos repetir por lo menos mentalmente, pero con todo su corazón, el acto de contrición, con el que todos sus pecados le quedan perdonados y también le explicamos cómo ganar la indulgencia plena.
Para que sin sufrir en el purgatorio vaya inmediatamente a Cielo.
En los últimos momentos antes de la muerte cualquiera de los presentes lee despacio la siguiente recomendación del alma del enfermo “Sal de este mundo, alma cristiana, en el nombre de Dios Padre todopoderoso, que te creó, en el nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios vivo, que murió por ti, en el nombre del Espíritu Santo, cuya gracia descendió sobre ti.
Que tengas hoy tu Tabernáculo junto a Dios, en la Jerusalén Celestial, y tu morada en Sión, acompañado de la gloriosa Santa María, Madre de Dios, San José y de todos los Ángeles y santos de Dios.
Te encomiendo amado hermano, a Dios nuestro Padre misericordioso, y te pongo en manos de Aquel que te Creó, para que vuelvas al Autor de tu vida, y encuentres al que te formó de barro en la tierra.
Y cuando pases de esta vida a la eterna, te acojan y te reciban, la Virgen Madre de Dios y todos los Ángeles y Santos.
Cristo fue crucificado por ti, te libere de todo mal, Cristo que murió por ti, te conceda la salvación, Cristo, el Hijo de Dios Vivo, el buen Pastor, te reconozca entre sus ovejas y te de posesión de su Paraíso.
Que ÉL te perdone todos tus pecados, y te coloque entre sus elegidos.
Que puedas contemplar cara a cara a tu Redentor, y goces de la visión de Dios por los siglos de los siglos, Amén.


Acoge, Señor, en tu Reino a tu siervo (sierva) NN. Para que alcance la salvación que espera de tu misericordia. Amén.


Libra Señor, a tu siervo (sierva) NN. De todos los sufrimientos. Amén.


Libra Señor, a tu siervo (sierva) NN. Como libraste a Noé del diluvio Amén.


Libra Señor, a tu siervo (sierva) NN. Como libraste a Abraham del país de los Caldeos. Amén


Libra Señor, a tu siervo (sierva) NN. Como libraste a Job de sus padecimientos. Amén.


Libra Señor, a tu siervo (sierva) NN. Como libraste a Moisés del poder del Faraón. Amén.


Libra Señor, a tu siervo (sierva) NN. Como libraste a Daniel de la fosa de los leones. Amén.


Libra señor a tu siervo (a) N.N. como libraste a tres jóvenes del horno ardiente y del poder del rey inicuo. Amén


Libra señor a tu siervo (a) N.N. como libraste a Susana de la calumnia
Amén


Libra señor a tu siervo (a) N.N. como libraste, a David del poder del rey Saúl y del poder de Goliat. Amén


Libra señor a tu siervo (a) N.N. como libraste, a Pedro y Pablo de la cárcel. Amén


Libra señor a tu siervo (a) N.N., por Jesús, nuestro salvador, que murió por nosotros, y por su resurrección nos obtuvo la vida eterna. Amén


Señor te encomendamos a tu siervo (a) N., y te suplicamos, Señor Jesús, salvador del mundo, que, pues lleno de misericordia, viniste a la tierra por su salvación, lo acojas ahora benignamente en la alegre fiesta de tu reino; porque, Aunque durante su vida haya pecado, jamás negó al Padre, ni al Hijo, ni al Espíritu Santo, sino que creyó en Dios, y Adoró fielmente al Creador de todas las cosas.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia
Vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve.
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva;a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas.
EA, pues,Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡OH clemente, OH piadosa,
OH dulce Virgen María!
D- Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
T- Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Oremos:
Te rogamos, señor Dios, que nos concedas a nosotros tus siervos, gozar de perpetua salud de alma y cuerpo; y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada Virgen María, seamos liberados de la tristeza presente y disfrutemos de la eterna alegría.
Por Jesucristo nuestro Señor
Amén.
Inmediatamente después de expirar (cuando ya fallece) se dice:
Venid en su ayuda Santos de Dios: salid a su encuentro, Ángeles del Señor,
(Los Presentes contestan)Acogedlo y presentadlo ante el Altísimo.
Que te reciba Cristo, quien desde el Bautismo te eligió, Y que los Ángeles te lleven a casa del Padre.
(Los Presentes contestan)Acogedlo y presentadlo ante el Altísimo
Concédele Señor, el descanso Eterno y brille la luz perpetua.
(Los Presentes contestan)Acogedlo y presentadlo ante el Altísimo
Oremos;
Señor, te encomendamos a tu Siervo (a) N. para que viva unido a Ti, después de haber muerto para el mundo; y ya que ha pecado por la fragilidad de su condición humana, dígnate perdonarlo, Tú que eres la misma bondad, Por Cristo nuestro señor
Amén.

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